PREPARANDO EL BOMBÍN. DÍA DE LA DIVERSIÓN EN EL TRABAJO 2.016

ECOS DEL DÍA DE LA DIVERSIÓN EN EL TRABAJO 2015

“Sin buen humor, hijo, no es posible vivir”. Aún resuenan estas palabras en mis oídos de vez en cuando. Me las dijo una señora –ya jubilada- durante la celebración del día del humor en Valencia en 2.014. ¡Cuánta razón acumulada en su experiencia!

En la página de la consultora Humor Positivo de nuestros queridos camaradas Eduardo Jáuregui y Jesús Damián Fernandez Solís, se puede leer que “el 1 de abril es, desde 1996, el Día Internacional de la Diversión en el Trabajo (Fun at Work Day), reconocido en importantes almanaques como el Chase’s Official Calendar of Events norteamericano y celebrado por trabajadores y empresas de todo el mundo. Es una ocasión especial para recordar que el trabajo no tiene por qué ser gris, que la seriedad no requiere solemnidad, y que el humor ofrece importantes beneficios para cualquier organización y para su equipo humano. Incluso en momentos de crisis”.

La consultora decidió en 2.008 que era un momento para dar un paso adelante y, pese a las circunstancias o precisamente debido a ellas, celebrar también en España el Día Internacional de la Diversión en el Trabajo. ¡Qué buenos momentos hemos pasado en Madrid desde entonces! Y ¡cuántas críticas nos han llovido ácidamente del cielo también! Pero todas y cada una de ellas, viendo tantas y tantas emociones positivas compartidas, han merecido “la alegría” como dice mi apreciada Dora de Teresa.

En 2.014 Eduardo y Jesús propusieron “extender” la iniciativa a otras ciudades además de Madrid: Sevilla, Zaragoza y, por supuesto, Valencia. Y así lo hicimos. Podéis ver el impacto de la acción –y algo de inesperado revuelo- en nuestro blog. Y así, celebramos un “outdoor” en la Plaza de la Virgen con la colaboración estelar de la clínica Bueso-Errando Radiólogos. Circuitos a ciegas, carreras de globos y otras pruebas nos permitieron disfrutar equilibrando nuestras habilidades, motivación y sentido del humor con los retos que cada actividad nos planteaba. Nada muy diferente del día a día en la empresa y en la vida. Pero con el aditivo del sentido del humor. Aquí está la clave de esta propuesta porque realmente “sin sentido del humor no es posible vivir”.

Así que para este 1 de abril del 2.015, hablamos con Eduardo y Jesús y decidimos repetir experiencia proponiendo nuestro particular “Pasaje del Humor” en Valencia. Una acción tan sencilla como, vistas las reacciones de nuestros vecinos, curiosa como mínimo y positiva ¡sin duda!.

¿En qué consistió el “Pasaje del Humor”? Debidamente uniformados con nuestros bombines, nuestros paraguas contra adversidades, el salvavidas anticrisis y demás abalorios, fuimos visitando a cuantos vecinos pudimos en el edificio de oficinas en el que el equipo CONMAC trama sus proyectos y también, por cierto, trabaja.

La secuencia se repitió casi del mismo modo en las oficinas “asaltadas”: tocar el timbre, ver la cara de asombro de quien abría la puerta, aprovechar el momento de duda creado para resumir el sentido de la iniciativa, explicar telegráficamente los beneficios del humor en el trabajo y pedir, decididamente, entrar en las oficinas para repartir a los empleados “humor en efectivo” (aún nos sobran dólares de la edición del 2.013.Para algo somos la mayor reserva mundial de humor en efectivo, como dicen Eduardo y Jesús).

Repasando las distintas escenas durante la semana siguiente, me vienen a la cabeza las más destacadas:

  • En una empresa de seguridad personal no nos abrieron la puerta. Vimos cómo claramente nos observaban a través de la mirilla pero no hubo manera, ¡parece que les dimos miedo a expertos en defensa personal! Definitivamente, el humor desarma al adversario más avezado.
  • En una empresa de proyectos, la secretaria no encontró más salida que dejarnos entrar hasta el despacho de su jefe mientras observaba con expresión atónita nuestra alegre comitiva. El jefe nos atendió con suma y perpleja cortesía y con su dólar en la mano nos despidió amablemente como pensando, “¿por qué, por qué me pasa esto a mí?”.
  • El conserje no olvidará el momento en que, rodeado de los inquilinos de despacho 8L, era fotografiado, ahora con bombín, ahora con peluca, luego con chaleco verde fosforescente, a continuación con un dorsal de corredor de la carrera de obstáculos laboral para, con sus dólares de humor en efectivo en mano, ser coronado con el flotador anticrisis. Grande, Vicente, ¡te queremos!
  • Subiendo por las escaleras, nos cruzamos con una chica alta y morena que, mirándonos de soslayo, evitó cualquier contacto ocular para desaparecer a toda velocidad. Teoría emocional demostrada: ante un estímulo tan inesperado en tu entorno laboral, como el buen humor, acércate a él o ¡huye!. Y vaya que si huyó. A la carrera.
  • En una empresa aseguradora de nuestra misma planta, la recepción fue calurosa: abrazos, risas, reparto de dólares a mansalva, foto de familia y a seguir trabajando con una porción adicional de emociones positivas, ¡qué necesario para los vendedores de seguros!. Le escribiremos al Sr. Seligman para decirle que sí, que su famoso estudio sobre el éxito de los vendedores de seguros optimistas, tiene en Valencia a su muestra más representativa. Gracias, chicas, ¡sois un encanto!
  • Llegamos a una empresa de estudio de mercados. Una oficina con más de cien empleados. Un objetivo estratégico desde el principio en nuestro “Pasaje del Humor”. Hablamos con uno de los encargados en el rellano. “No sé, preguntadle a mi jefa”. Todo el equipo CONMAC nos miramos y, por un momento, dudamos. Pero al momento siguiente, entré en las dependencias como avanzadilla de la alegre comparsa. Imaginad la escena: cientos de miradas retiran su atención de sus teléfonos durante un par de segundos para fijarlas en ese intruso inesperado. Unos ignoran, “no es posible”. Otros desprecian, “no me molestes”. Otros sonríen “algo nuevo”. Me dirigí a la Responsable que, con mucha seriedad, escuchó nuestra propuesta para, contra todo pronóstico, darnos su placet para repartir dólares durante unos pocos minutos. Así, el equipo CONMAC se fue infiltrando entre las decenas de hileras de puestos de trabajo y repartiendo humor en efectivo. “¡Cuánta falta nos hace en este tipo de trabajo!” nos dijo una de las empleadas, “es muy duro recibir tantas respuestas negativas”, añadió. Una de las responsables, en cambio, no admitió ni el dólar ni la propuesta ni una sonrisa. Supuse que estaba “dando ejemplo”. Se lo dejé encima de la mesa. Aun así, nos hicimos algunas fotos con los empleados más receptivos de modo sigiloso y sigilosamente salimos tras dar las gracias a la “Jefa”. ¡Intensa incursión!
  • Ya de vuelta en la octava planta, entramos en una librería técnica. Nos abre la chica alta y morena que nos habíamos cruzado media hora antes por las escaleras. “¡Qué bien que hayáis venido!”, nos dice sin darnos tiempo a soltar nuestro speech. Somos nosotros, entonces, los asombrados, “¿Veis?” les dice con énfasis a sus compañeros, “¡no me había fumado nada!”. Todos reímos a carcajadas. Bueno, menos un señor, muy solemne él. La chica nos explica efusivamente que les había contado a sus compañeros que había visto unos “payasos” por el edificio y que sus colegas no le habían dado crédito. ¡No está loca!, ¡los locos somos nosotros!. Repartimos humor en efectivo y nos vamos retirando a nuestros aposentos.
  • Finalmente, entramos en el despacho de nuestras vecinas abogadas. Ya nos conocen un poco. En alguna ocasión una de ellas nos ha hecho alguna foto cuando hemos celebrado alguna buena noticia. Pero un amago de entrada en sus oficinas de todo el equipo CONMAC les desborda y no queremos pleitos con ellas. La socia nos atiende en la puerta. Pacientemente nos escucha y nos acepta, con escaso entusiasmo, un dólar. Y es cuando uno de los estudiantes en prácticas le ofrece con total espontaneidad otro dólar, “toma más, que creo que a ti te hace falta”. Y, ahí, se suelta. Se confiesa. Porque nos cuenta que les llama la atención la frecuencia de nuestras risas en la jornada laboral. “¿Qué si les molesta”? exclama ante nuestra pregunta, “todo lo contrario, ¡siempre nos anima!”. Y, así, quedan invitadas formalmente a tomar café con nosotros todas las mañanas a eso de las 11.

Durante los días siguientes me fui encontrando con muchas de las personas con las que compartimos, a nuestra manera, el día de la diversión en el trabajo. Fue gratificante recibir sus sonrisas, sus comentarios de apoyo a la iniciativa, incluso su petición de que repitamos el año que viene. Subiendo en el ascensor coincidí con la responsable de la empresa de estudios de mercado que no aceptó el dólar. Con mi traje de chaqueta no me reconoció. “Disculpa” le dije, “no pretendíamos molestarte de ninguna manera el otro día”. Repuesta de su inicial sorpresa me explicó que, realmente, ese día había tenido algunos problemas y se sentía bastante estresada cuando llegamos. Pero que, nada más marcharnos, se dijo a sí misma, “¡seré tonta!, ¡para un día que me ocurre algo distinto en el trabajo!”. Me dijo que se había guardado el dólar de humor en efectivo por si le volvía a hacer falta. ¡Bien!.

Sólo cuando hace pocos días me encontré en la puerta del edificio con la “Jefa” y charlé con ella unos minutos es cuando pensé en hacer una crónica del día de la diversión 2.015. Porque en cierto modo, tras nuestra incursión, me quedé pensativo y esperando que nuestra iniciativa no hubiera causado después algún tipo de efecto secundario inadecuado. “No, no, tranquilo”, me dijo. “De hecho, ese mismo día me llamó mi Director para interesarse sobre cómo iban las cosas y le conté la experiencia que habíamos tenido”. Parece que la “Jefa” había entrado en nuestra página web y en la de Humor Positivo para conocer más a fondo el motivo de la celebración. Me quedé expectante esperando la respuesta de su Director. “Me dijo que otra vez que sucediese algo así, ¡que fuéramos también a sus oficinas!”.

Definitivamente, no hay nada más contagioso, ecológico, sostenible, económico, productivo y positivo que el buen humor.

¡Seguimos!

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